sábado, 26 de noviembre de 2016

Testimonio: Ignacio Correa


Mi nombre es Patricia, soy mami de Ignacio, el segundo de 3 hermanos. Su diagnóstico es parálisis cerebral por hipoxia.

A la semana de nacido convulsionó y entro en coma por mes y medio, pasado este tiempo nos avisaron que lo  iban a desconectar. Llegamos a casa y no conciliábamos el sueño, vimos en un canal de televisión niños que reaccionaban con el contacto físico de uno de los padres. Así que eso hicimos, total no perdíamos nada con intentarlo.  


Oscar, Patty e Ignacio
Pese al poco tiempo y la seguridad que nos imponían para verlo, sucedió el milagro. Ignacio despertó y pasó a cuidados intermedios. Era muy frágil y pequeñito. Yo hacía de mamá canguro porque él no tenía fuerzas para alimentarse por sí mismo, lo hacíamos comer con gotero o con lo que pudiéramos. Salió de alta después de probar varios anticonvulsivos, finalmente se quedó con 3 a lo largo del día, pero en ocasiones igual convulsionaba.
 
Demoramos un año en enterarnos su diagnóstico. Cuando supimos, tuve sentimientos encontrados, todo se nubló y no sabía qué hacer, ni por dónde empezar. Pasados los días, ya más calmada empecé a investigar, a preguntar a los médicos que podíamos hacer, pues pensaba que era algo pasajero y que luego él estaría como otros niños. Todo ello se nos fue aclarando de ahí en adelante…
 
Ignacio recibió terapias en el hospital y en un centro de rehabilitación. Su alimentación era diferente al resto de los niños, comía todo licuado, en raciones muy pequeñas y los líquidos, en biberón. 

 
Como padres agotamos todo lo que pudimos hacer para su mejoría, además de cambiarme a un trabajo independiente que me permitiera poder compartir más tiempo con él. Recibí ayuda psicológica para no llorar todo el tiempo y poder asumir nuestra nueva vida con mayor tranquilidad. 
 
Hubo muchas convulsiones, Ignacio pasaba más tiempo en el hospital que en su casa. Mi hijo mayor quedaba al cuidado de mi suegra o de mis mejores amigos. Recuerdo que cuando tenía 5 años, en un mismo día él convulsiono 16 veces, lo que nos hizo sufrir mucho por no saber qué hacer. 
 
Me contacté con gente en Cuba donde me explicaron los daños que habían causado las convulsiones en el sistema psicomotriz e intelectual de mi hijo. Ignacio no se mueve a voluntad, su forma de comunicarse es a través de las manos, de gestos y con su mirad, aunque a veces no logramos entenderlo  completamente e intentamos adivinar. 
 
Sabemos que es sensible a ciertos sonidos pues se irrita y grita, lo hace en cualquier lugar. Me ha tocado estar en sitios públicos con gente poco tolerante que hacen sentir incómoda, pero eso ya lo hemos superado. Sabemos que quienes mejor nos entienden son los padres que se encuentran en la misma situación. Él se cansa de estar sentado en la silla de ruedas o en el coche de paseo y no quiere estar en su cama, quiere compartir con nosotros y tratamos que así sea.

Aunque algunas veces tenemos bajones y días más difíciles que otros, sabemos que esta tarea nos tocó por alguna razón y aceptamos con amor su presencia. Él me volvió un mejor ser humano. El estar con Ignacio no tiene fin, no  tiene horario.
 
Ignacio nos dio más seguridad como familia, nos hizo madurar a pasos agigantados, aprendí que las dificultades en la vida no son otra cosa que motivos  para alcanzar metas. Aprendí lo importante que somos los seres humanos  para los demás. Sé que Dios tiene una gran misión para cada uno de nosotros.

En el camino he conocido mucha gente buena, terapistas dedicados y médicos muy humanos, que nos ayudan y reconfortan para seguir adelante. Ignacio hace 5 años está en un colegio especial con gente muy cariñosa y amable, con compañeros que tratan de entenderlo. Ellos tienen una malla curricular de acuerdo a sus capacidades pero lo más importante, es que comparte con los demás niños.
 
Yo busco siempre que Ignacio se sienta bien, que sea feliz, que se sienta aceptado e integrado a la sociedad, que llegue al mayor desarrollo que él pueda lograr, y aplaudimos cada pequeño avance, pues el límite sólo lo define la vida. Pienso que es importante agradecer a Dios por lo que nos dio hasta hoy.

Soy una madre de familia apta para apoyar junto con mis 3 amigas, a familias que estén pasando por mismo, a las que están iniciando este camino y no saben qué hacer o a las que ya están en el mismo camino y necesiten fortalecerse para no decaer. Queremos compartir un poco de lo vivido con  nuestra propia experiencia y apoyarlos con mucha fortaleza.  Daré todo el amor que tengo por mi lindo, bello y querido Ignacio.
 
Patty

3 comentarios:

  1. Mi patu Bella!! Heroína realmente Ignacio fue muy afortunado de tenerte como mama!! Valiente campeona :)

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  2. Hermoso mensaje que cae a pelo con el inicio del Adviento. Dios te colmecde bendiciones, valiente mamá.

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  3. Siempre lo he pensado. Eres un 10 de mamá. Un abrazo fuerte desde la distancia. ANDREA.

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